Tecnicolor

by iltaccuinotachedcafe

Die Farbe, Johannes Itten 1944

Señores en estos momentos de dificultad absoluta queremos contar con su inconmensurable compresión. Es ahora cuando debemos apretarnos el cinturón y permítanme el empleo de este lenguaje de crisis pero la gravedad del asunto así lo requiere. Siendo plenamente conscientes de que el recorte que planteamos supondrá graves pérdidas en nuestra tradicional producción que, sin ánimo de ser arrogantes, ha alcanzado la excelencia en varias ocasiones. Si bien acostumbrados a trabajar siempre bajo presión nos enfrentamos a una contrarreloj sin precedentes en nuestro recorrido. Las estrategias de intervención que les planteamos se mantienen invariables aún en las circunstancias especiales con las que nos vemos forzados a plantear este nuevo proyecto. Por un lado les proponemos la aprehensión sin compresión necesaria de cada concepto para su posterior escupido al pie de la letra. Por otra parte se permitirá la compresión de cada concepto para abordar una síntesis en la que la capacidad lírica de cada cual avalará el resultado final de la presentación. No está en nuestra mano, y nada más lejos de nuestra intención, imponer una de estas dos estrategias ya que experiencias anteriores han demostrado que ambas son válidas y dependen del interés y del estado anímico de cada uno. Y sin embargo nos vemos obligados a sugerir sin posibilidad de rechazo alguna la necesidad de aunar esfuerzos y dejar a un lado la variedad de posibilidades que este proyecto plantea. Nunca nos hemos caracterizado por el juego a una carta y reconocemos que no nos sentimos cómodos y sin embargo lo extremo de la situación así lo requiere. Dejemos a un lado fractales y gustos personales y actuemos como uno sólo, porque solo así seremos capaces de obtener el éxito. Gracias por su colaboración. Se levanta la sesión

M

Impotencia

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Por una vez, se sintió impotente. Le tranquilizaba mucho saberse al mando, más que nada, porque lo estaba realmente de todas las cosas importantes. En cuanto  al resto, había comprendido tiempo atrás que no eran tan relevantes como para tenerlas bajo control. Por otra parte, también había aprendido a liberarse de la preocupación del que no domina todo. Algunas cosas se escapaban y no había forma de evitarlo. Pues bien, incluso había aprendido a llevar ese tipo de cosas al terreno de lo secundario. En resumen, su dominio era total. Y sin embargo esa tarde su seguridad quedó dañada irreparablemente. Fue una simple llamada, una noticia terrible, desde luego, pero al fin y al cabo sorprende que una simpleza como una llamada telefónica pueda hundir a un hombre por el resto de sus días, teniendo en cuenta, sobre todo, los años que había tardado en conquistar su poder. Su mejor amigo iba a quedar ciego para siempre, el hecho era ése. Él, que se creía por encima de todo, no podía reparar eso. Colgó el teléfono y permaneció congelado unos segundos. En verdad era un mierda; el resto de la noche sólo pudo encogerse y llorar a ratos. Los años de seguridad habían sido una tregua y ahora el universo, y no él, retomaría el control.

J

Recuerdo

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No era una cuestión de memoria. Recuerdo. Recuerdo cada detalle con exquisita precisión y eso es lo que me preocupa. Recuerdo los lugares, los recuerdo a ellos y recuerdo hasta las conversaciones. Y aún así sé que eso no significaba nada. Podía tratarse de una mala jugada de la imaginación y eso es lo que me preocupa. Los conocía tan bien, a ellos y a los lugares, para haber inventado cada detalle de aquel día, hasta las conservaciones. Sería miércoles como hoy. Ya fuera imaginado o recordado pero sería un miércoles y no haría del todo sol. Supongo que habíamos paseado por la mañana y que comeríamos sándwiches de atún sentados en el césped. De postre tendrían galletas de chocolate. El parque estaría lleno de niños. Estaría un poco nerviosa y casi  le parecería que nunca iba a llegar la hora de entrar. Tomarían un helado y se sentarían en unas escaleras mientras mataban el tiempo mirando distraídos a un mimo. Juan habría intentado escribir un rato. A lo mejor subirían  otras escaleras y andarían un rato más. Se sentarían en un banco los cuatro juntos pero pronto Juan volvería a intentar escribir un poco más, Ximo se pondría a leer a  y Carmen se marcharía a hacer alguna foto. Me quedaría sola en el banco y casi seguro pensaría que no tenía ningunas ganas de volver. Era miércoles como hoy y eso pasó o me imaginé que pasó porque los conocía tan bien, a ellos y a los lugares que podría haber inventado cada detalle de aquel día. Entraríamos, por fin y probablemente estaríamos un rato esperando delante de la puerta equivocada. Subiríamos otras escaleras y entraríamos, por fin pero esta vez de verdad. Así podía imaginarme un miércoles cualquiera y sin embargo a mi me gusta pensar que ese miércoles ocurrió de verdad, porque recuerdo estar sentados en unas escaleras oscuras sin mucho hablar porque visto lo visto poco había que decir. Y recuerdo caminar casi sin rumbo para volverlo a ver, de noche esta vez. Y esto también podría haberlo imaginado pero recuerdo el frío que sentí en la mejilla al apoyar la cabeza contra la enorme columna. Y recuerdo como olía aquella incipiente primavera. Era miércoles como hoy y a veces me preocupa haberlo inventado todo pero entonces recuerdo, recuerdo con exquisita precisión una mano tallada en mármol y entonces me doy cuenta de que todo ocurrió de verdad, porque aquella mano es un recuerdo tan sublime que resultaría imposible de imaginar.

M

Instrucción Española del Pantalón Corto

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Capítulo I. Disposiciones generales

Artículo 1. Objeto

La Instrucción Española del Pantalón Corto, en adelante IEPC, es el marco normativo que establece las exigencias básicas de decoro que deben cumplir los conjuntos indumentarios  masculinos que no cubran la pierna en su totalidad.

Artículo 2. Derogaciones

Con la entrada en vigor de esta instrucción, el día siguiente de su publicación en el BOE, quedan derogadas la Ley Orgánica de Bermudas y el Real Decreto de Shorts.

Capítulo II. Exigencias básicas

Artículo 3. Longitud

Se considerará admisible en cuanto a largo todo pantalón corto cuyo bajo quede comprendido entre la parte inferior de la rodilla y la mitad del muslo. Cualquier pantalón corto que cubra la pantorrilla será en todo punto inválido y se procederá a su reconversión en pantalón corto conforme a los procedimientos de corte establecidos por la normativa correspondiente. En casos excepcionales podrá valorarse la posibilidad de pantalones cortos por encima del medio muslo, considerando siempre que se trata de casos puntuales y que prevalecerá el criterio de exposición frente al de elegancia.

Artículo 4. Pantalones piratas

Como aclaración al artículo 3 y dada la extensa implantación de los mismos, se considera necesario incluir un criterio de valoración de pantalones piratas. En términos generales, se prohíben expresamente. Únicamente, en casos singulares se podrán vestir aquellos modelos cuya longitud no rebase la línea inferior en dos dedos a la rodilla, y en ningún caso cubriendo más de cinco centímetros de pantorrilla. Además, en estos casos, será requisito necesario la ostensión de un gemelo definido y de proporciones medias, quedando terminantemente prohibido el pantalón pirata para los poseedores de gemelos tanto excesivos como insuficientes. Se considerará gemelo medio el comprendido en el siguiente rango:

32cm < Ø de gemelo <42cm

Artículo 5. Casos especiales

Se considerarán casos especiales los siguientes:

-Aquellas piernas que por muy gran exceso o defecto de peso resulten desagradables a la vista al punto de constituir una ofensa.

-Aquellos en los que el cociente entre diámetro de gemelo y diámetro de tobillo sea bajo en exceso. Para su valoración, se utilizará la siguiente fórmula:

Ø de gemelo / Ø de tobillo < 1,5

Los casos considerados de tipo especial deberán abstenerse de utilizar pantalones cortos y ceñirse, en la temporada de verano, a otras opciones como vaqueros, chinos de verano o pantalones largos de lino, en consideración de los demás seres humanos.

Disposición transitoria única

Serán objeto de especial persecución aquellos pantalones cortos excesivamente holgados, incurriendo su portador, en el caso de pantalones-falda, en delito penal y civil.

J

Relato de un absurdo

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La escena que me dispongo a narrar tuvo lugar a mediados de mayo. Resulta importante situarnos en el tiempo ya que pudiera parecer que la crispación propia de estas fechas sirviera para justificar lo absurdo de lo acontecido y sin embargo no es así. La pantomima que me vi obligada a vivir en tercera persona y defender en primera no tiene justificación alguna por mucho que aquel mediados de mayo viniera cargado de aires de cansancio acumulado. Le atacaron sin razón y ella en principio intentó defender su honor lo cual podemos admitir como su único error. Llegaron con su arrogancia por bandera y le increparon con una retahíla de mentiras dichas sin apenas respirar lo cual convertían aquella débil argumentación en un discurso difícil de seguir y más difícil aún de creer. Sabía que todas las acusaciones eran falsas y podría incluso haberlo demostrado pero le estaban apabullando y por eso no supo que debía callar. Quiso defender su honor y no apreció que  su honor estaba intacto. Leía a Nietzsche cada noche y eso le situaba muy por encima de aquel absurdo absoluto. No llegó a pronunciar dos frases cuando nuevamente arremetieron contra ella con una nueva sarta de sinsentidos y entonces supo que tenía que callar. Y calló. Temieron su derrota porque no sabían más que entrar al trapo así que se giraron contra mi y con las habilidades propias del instruido en la subcultura de los reality shows intentaron incluirme en su bando a partir de la creación de una alianza. Yo no leía a Nietzsche y poco sabía de realities así que me limité a decir en una frase lo más corta posible todo lo que tenía que decir. Volvieron a temer su derrota y nuevamente arremetieron contra ella pero era tarde, ella ya sabía que lo mejor que podía hacer era callar. Y calló y la situación se tenso casi hasta lo insoportable, las horas de menos oprimían a las horas de más y su única solución fue proponerlo echarlo a suertes. Casi se sonrojaron ante la total falta de madurez. Era demasiado ridículo para ser verdad así que resolvimos cambiar la suerte por la dignidad. A sus ojos probablemente habíamos perdido pero nos sentíamos satisfechas de haber salvado ante aquel maldito absurdo al menos la dignidad.

M

La mierda

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A veces, muy de vez en cuando, volvía la eterna preocupación. Solía hacerlo en momentos de vulnerabilidad. En ese aspecto, era una preocupación muy lista porque él no podía esperarla en su flaqueza. La flaqueza, concretamente, era la del trabajo concentrado, las carreras contracalendario de final de cuatrimestre. En esos trances no podía escapar de la cosa. La cosa, que dicho así suena un poco a best-seller de Filosofía y por eso mejor nos referiremos a ella como la mierda, era extremadamente absorbente. La mierda representaba todo lo contrario de aquello en lo que creía. Como actitud vital, llevaba siempre por bandera la conquista de la felicidad y, en segundo término, el enriquecimiento personal y hacer todo cuanto le gustaba. Cuando llegaba la mierda, se producía una mutación en su seno y, un día, se sorprendía pensando que debía imponer su forma de estar, sus ideales y a sí mismo en general y que el medio que emplearía para dichos propósitos sería la lucha ardua por la consecución de la excelencia. Ni dicha, ni simple amor a la vida. Sólo la mierda.

J

Invisible

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Mujer ante espejo. Pablo Picasso

Nunca le gustaron esos sitios. Sabía de estética y de estilo, al menos lo suficiente, pero nada tenía que hacer allí. Las luces eran demasiado fuertes, estridentes, groseras y servían tan sólo para iluminar su absoluta timidez mientras intentaba desaparecer en su silla. Dio las instrucciones con voz aparentemente segura y temió lo peor porque sabía que por muy claras, aquellas instrucciones casi nunca eran seguidas. La música era horrenda, estridente y grosera y sabía que tendría que soportarla al menos una hora y media más. No estaba sola y los demás parecían relajados, incluso como para hablar. No abrió la boca más de lo estrictamente necesario pero sí que escuchó. Y tanto que escuchó. Creyó entender ciertas rivalidades medio ocultas que se trasladaban a través del juego óptico de los espejos enfrentados e intentó hacerse aún más invisible. Luego le llegó el turno a la crisis. Claro con los tiempos que corren no se podía no hablar de la crisis. Aquí ya no había bandos ni espejos enfrentados a todos les producía una enorme tristeza pensar en la cantidad de familias que no podían llevar si quiera un sueldo a casa. Entonces sonó un móvil  y la situación se agravó a un nivel suficiente para anular cualquier vestigio de crisis. Había que comprar un pantalón para un niño de tres años y tan solo quedaban de la talla cuatro. La situación no era fácil y pronto volvieron a formarse bandos. Unos sostenían con mucha razón que el niño crecería mientras que los otros consideraban acertadamente que comprar ropa de una talla mayor era una cosa inconcebible.  Se sintió observada de refilón pero en lugar de tomar partido se hundió un poco más en su silla, prometiéndose hablar no más de los necesario, ponerse sólo un poco roja y hacerse invisible, todo lo invisible que se puede ser al quedar atrapado entre dos espejos enfrentados.

M

La reunión

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René Magritte. La trahison des images. 1928-29

El mayor de los tres miró en una lista y pronunció un nombre en voz alta pero no mucho, porque el pequeño, que ya se sabía más o menos la rutina, merodeaba muy cerca, con lo cual se arrimó pronto, aunque la impresión que daba era poco garbosa, y se sentó con ellos. Constituido el pequeño cónclave, comenzó el rito habitual. Los nervios del pequeño y del mayor, los orondos balbuceos del mediano y las risas mal contenidas de los tres. Intentaban contenerse, reconozcámosles el esfuerzo porque lo era de veras. Feeling había, eso también es verdad. Ahora, la afinidad y la extraña semejanza que sentían entre sí quedaban absolutamente eclipsadas por la hilarante atmósfera que generaba su reunión. Al pequeño le iba mucho en la consecución de un desenlace feliz; los otros dos se  jugaban menos aunque en cierta medida les importaba y eran conscientes de que un resultado positivo les era muy favorable. Lo que está claro es que aquellos encuentros habían sobrepasado el objeto meramente utilitario que era teóricamente el único y habían pasado a constituir, además, una pequeña experiencia, difícilmente encuadrable en el plano de la estética o del conocimiento pero sí en alguna remota parcela del enriquecimiento vital. Discutieron un rato; cada uno descifró lo que su entendimiento de los demás le permitía, que en ninguno de los tres casos podemos decir que fuese mucho porque la comprensión real, esa que se basa en certezas, no regía sus conversaciones, sino más bien la intuición. Y aunque no se comprendieran no importaba. Cada vez que uno intervenía para confusión de los otros tenían la habilidad de encontrar un nuevo hilo que, sin encontrarse atado a la idea ininteligible, los unía en otra convicción diferente y en ese momento se convencían de que lo borroso del otro tendría su razón de ser y más tarde la entenderían. Así, entre perplejidad e incomprensión, llegaron al final de la reunión con el convencimiento de que iban por el buen camino aunque ninguno tenía idea de cuál era.

J

Creer

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Fue lapidario, al fin y al cabo le habían educado así. Las formas ya no importan cuando uno ha aprendido a hablar desde el absoluto desprecio. Fuimos valientes, al fin y al cabo nos habían educado así. Las lágrimas ya no se escapan cuando uno ha aprendido a callar ante el absoluto desprecio. Fue lapidario y nos hundió, pero fuimos valientes y volvimos a levantar la cabeza. Nos sorprendieron sus formas y temimos al ver pasar ante nuestros ojos la enésima hora de trabajo infravalorada. Pero habíamos aprendido, a fuerza de golpes y de desprecio, pero aprendido al fin y al cabo. Lo supe en el momento en el que miré hacia arriba. Levantar la cabeza suponía, en el sentido estricto de la palabra, volver a enfrentarnos a nuestro miedo, volver a enfrentarnos al ridículo, volver a enfrentarnos al desprecio. Y lo hicimos porque puede que a fuerza de golpes nos hubieran enseñado a dudar de nosotros mismos pero fueron esos mismos golpes los que nos enseñaron que cuando uno tiene una historia que contar todo lo demás no importa, ni siquiera el absoluto desprecio y nosotros aquella mañana teníamos una historia en la que creer y sobretodo una historia que contar.

M

Llegó el frescor

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Llegó el frescor de la noche y me sorprendí pensando en injusticias, yo, relativista. De siempre, además. No me sentí muy incómodo, la verdad; sencillamente llegó el momento, que no por inesperado fue especialmente intenso. Me di cuenta de que a partir de ese momento iba a valorar las cosas de otro modo y eso fue todo. Bueno, también pensé que seguramente mi flamante disposición ética me proporcionaría nuevas empatías y rechazos y alguna otra consideración similar. En esencia, lo que quiero decir es que el cambio, para mí, fue tan repentino como tranquilo. No fui consciente de las razones que motivaron esta mutación, nunca lo he analizado con detenimiento y hoy por hoy sigo desconociéndolas. No puedo decir que me interesen demasiado. Estaría bien conocerlas como tantas otras cosas, a título de curiosidad pero la vida es corta y el tiempo disponible para estos razonamientos exiguo. Los hechos son que desde aquel momento, la parcialidad rige mi juicio y el entiendo mejor el valor del compromiso. No  me siento mejor persona. Sí me siento mejor y también más integrado en este mundo.

J

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